Arquivo da categoria: Literatura Venezuelana

Pedro Emilio Coll (1872 – 1947)

Ilustração por Francisco Maduro

(tradução por José Feldman)

Em 12 de julho de 1872 nasce em Caracas, Venezuela o escritor e periodista Pedro Emilio Coll. Desde muito jovem teve contato com escritores importantes da época, já que seu pai era proprietário da Imprensa Bolívar.

As narrações e contos infantis que lhe relatava a sua velha aia Marcolina despertaram, segundo ele mesmo, seu interesse pelas letras. Estudou no Colégio La Paz de Caracas, dirigido por Guillermo Tell Villegas. Aos 22 anos abandona os estudos universitários, fundou junto com Luis M. Urbaneja Archepohl e Pedro César Domínici a revista «Cosmópolis», que está considerada como a publicação que inicia o movimento modernista na literatura venezuelana.

Também foi colaborador de «El Cojo Ilustrado»; onde publicou muitos de seus contos, entre eles O Dente Quebrado, considerado como um clássico do gênero, considerado por alguns como sua obra prima, uma sagaz pintura habitual.

Em 1896, publicou seu primeiro livro intitulado “Palabras”, uma recompilação de ensaios sobre arte e educação.

De 1897 a 1899, foi cônsul da Venezuela em Southampton, tendo a seu cargo durante este tempo a seção “Letras Hispanoamericanas” da revista Le Mercure de France, editada em París. Em julho de 1899, regressa a Venezuela, e no ano siguente, é nomeado diretor no Ministério de Fomento. Em 1901, publica outra recompilação de ensaios sobre temas literários sob o título de El Castillo de Elsinor.

Em 1911, foi incorporado a Academia de Letras. Ministro de Fomento em 1913, foi nomeado Cônsul Geral da Venezuela em Paris, em 1915 e logo, secretário da Delegação da Venezuela em Madrid, de 1916 a 1924.

Entre 1924 e 1926 foi Fiscal de Bancos e senador pelo estado Anzoátegui, até que neste ano assume a presidência do Congresso Nacional.

De 1925, data a primeira edição de seu conto tríptico, Las Divinas Personas, considerado não só uma das grandes páginas da prosa narrativa venezuelana, mas como a obra maior de Coll.

Em 1927, aparece “La escondida senda”, título que representa sua terceira recompilação de ensaios, desta vez de caráter histórico. Trabalhou como inspetor de consulados na Europa de 1927 a 1933.

No ano de 1934 ingressou na Academia Nacional da Historia, instituição em que trabalhou como bibliotecário em 1941.

Em 1948, foi publicada em forma póstuma sua obra “El paso errante”, a qual era uma seleção para a Biblioteca Popular Venezuelana do Ministerio de Educação.

Com seus outros livros, tais como A senda escondida (1927) o El paso errante (1948), delineia ainda mais seu peculiar mundo imaginativo. Duas obras recolhidas, póstumas, La colina de los sueños (1959) e La vida literaria (1972), adicionam certos matizes ao conhecimento de sua aventura literária.

Morreu em 20 de março de 1947.

Fontes:
http://www.efemeridesvenezolanas.com/html/coll.htm
http://www.venezuelatuya.com/biografias/coll.htm

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Arquivado em Biografia, Literatura Venezuelana

Rafael Arráiz Lucca (1959)

(Caracas, 3 de janeiro de 1959) é um ensaísta, poeta, historiador e professor venezuelano.

Atualmente, Arráiz é professor da Universidade Metropolitana de Caracas (Unimet). Desde 2001 está cedido à “Fundação para a cultura urbana” de Caracas. Se licenciou advogado em 1983 pela (Universidade Católica Andrés Bello – UCAB), especialista em comunicações integradas em 2002 (Unimet) e Mestrado em História em 2005 (UCAB). Foi presidente de Monte Ávila Editores e Diretor do Conselho Nacional da Cultura. É membro da Academia de Gastronomía Venezuelana desde 2004. Em novembro de 2005 convidado a ingressa na Academia de Letras da Venezuela como indivíduo de Número, ocupando a cadeira 5, em reconhecimento a sua obra intelectual.

Escreveu vários livros de poemas incluindo: Balizaje (1983), Terrenos (1985), Almacén (1988), Litoral (1991), Pesadumbre en Bridgetown (1992), Batallas (1995), Poemas Ingleses (1997), Reverón 25 poemas (1997) y Plexo Solar (2002).

Escreveu também ensaios como: Venezuela en cuatro asaltos (1993), Trece lecturas venezolanas (1997), Vueltas a la patria (1997), Los oficios de la luz (1998), El recuerdo de Venecia y otros ensayos (1999), El coro de las voces solitarias, una historia de la poesía venezolana (2002) y ¿Qué es la globalización? (2002).

Es autor de una Antología de Poesía Venezolana (1997); de El libro del amor (Antología de poesía amorosa universal, 1997) y de la selección Veinte poetas venezolanos del Siglo XX (1998).

Desde 1983, Arráiz Lucca escreve semanalmente uma coluna de opinião no diário El Nacional. Prêmio Municipal de Literatura 1993 com a obra El abandono y la vigilia, no gênero: Poesia.

Poesias:

Dieciocho

¿Acaso no son tres las dimensiones
que salvan al plano de su opacidad
y causan el prodigio del volumen?
¿No son tres las personas del verbo
y la trinidad un misterio divino?
¿No fueron tres las veces que negaron a Cristo
y no fue el tercero el día de su resurrección?
¿No son tres los poderes de la república
y un tercero el fruto de dos?
¿No empuña Poseidón un tridente
y tres los sujetos de un engaño?
¿No son tres los lados del tallo de un papiro
y triangulares los cuatro planos de la pirámide
y el trébol de cuatro hojas la excepción más infrecuente?

Cuatro

He muerto.

Desde que el desvarío de mis pupilas
anunciaba el estado de coma,
mis hijos han permanecido como canoas
en los costados del lecho.
Hilda, la enfermera que me asiste en el tránsito,
cata las intermitencias del pulso cada vez más lejano,
oye los murmullos de un gato agonizante sobre los rieles del tren.
Mis ojos abiertos están en blanco
y mi boca se abre aspirando las últimas bocanadas
del aire dichoso.
Un latigazo eléctrico sacude mis piernas
como el estertor del toro después de la puntilla:
mi corazón ha dejado de latir.

He muerto.

La sangre ha dejado de recorrer mi cuerpo en su frenesí.
Lo que sustentaba mi piel como una vieja promesa
le ha cedido el espacio al color amarillento de los papeles
decrépitos.
Soy una suerte de hoja ocre plagada de hongos,
un papiro abandonado sobre el tope de una nevera
inservible.
Mi sangre, que durante años fue fiel en su periplo rutinario,
no recibe el impulso para su itinerario retórico.
Soy una casa olvidada por la suerte del fuego
que le ha dejado su reino al hielo más seco.

He muerto.

Una sola instrucción he dejado a mis deudos:
al apoderarse de mí la tiesura,
abran las ventanas para que mi alma encuentre su rumbo,
déjenla ir,
no interpongan ningún obstáculo a su vuelo,
el aleteo de las palomas que se anuncian
con el carraspeo de sus gargantas
les anunciará la ascensión del espíritu que encontró en mí
la hospitalidad de un cuerpo romo,
poco filoso, naturalmente tibio, herbívoro,
proclive al regazo de las hembras.

He muerto.

Las campanas de la iglesia vecina han propagado su eco
a la misma hora de mi nacimiento:
son las doce y treinta del mediodía de una fecha imprevista.
No recuerdo cuántos años han pasado desde mi llegada,
pero sé que la misma luz que me recibió me despide.

He muerto.

Asciendo en volandas hacia un espacio de luz
más blanco que las volutas de algodón,
pero nada hay en mi vuelo que perturbe la paz
de creer que he concluido todas mis batallas.
Atrás queda la ventana de mi apartamento
y más lejos aún la cama donde he rendido mis últimas fuerzas.
Ya Caracas es un paisaje abstracto que se divisa
entre el fragor de las nubes quiméricas.
Ya América se escruta entre la bruma
con su figura de trompo alargado y difuso.
Ya la tierra es una sola esfera azul que se achica
como una fortuna majestuosa que se pierde en el tiempo.

He muerto.

Asciendo hacia el punto donde todas las preguntas
adquieren respuesta.
Voy entrando en un túnel que acelera mi vuelo,
soy lo que siempre he sido:
una mínima partícula amada por un Dios memorioso.
Mis fragmentos de pronto han sido tocados
por el rayo de la totalidad:
todo en un segundo lo comprendo.
Las escenas centrales de mi tiempo terreno,
de las que ignoraba su carácter principal,
han salido al damero del entendimiento ejecutando su danza.
Todos los puntos que no advertía cercanos
han revelado ahora sus conexiones ocultas:
una araña teje su tela en la penumbra,
tengo en mis manos el Aleph de Carlos Argentino Daneri.

He muerto.

Fontes:
http://pt.wikipedia.org/wiki/Categoria:Escritores_da_Venezuela
http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/en/Revista/ultimas_ediciones/62_63/arraiz.html

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